"Cada Vez Somos Menos"
Written by Juan J. Colomer Thursday, 13 March 2003 00:00
Hace tan sólo unos días expiraba el contrato que la Unión de Músicos tenía con los productores de Shows en Broadway. Un nuevo intento por renegociar el contrato se ha encontrado con unas posiciones muy distanciadas por parte de ambos, principalmente al tratar de reducir los productores el mínimo de músicos requeridos por show de los actuales 24 ó 26, dependiendo del tamaño de los teatros, hasta 7.
La Unión de Músicos encuentra que esta cifra, además de repercutir seriamente en puestos de trabajo, no refleja la realidad artística de lo que dichos Shows deben ser y su sonido cambiaría significativamente al sustituir gran parte de los elementos que hoy en día son en vivo, por orquestas virtuales o músicas pregrabadas, lo cuál traiciona los mismos principios que constituyen la esencia de Broadway y abriría la puerta para prescindir completamente de músicas en directo. Por su parte la postura de los empresarios es que en muchas ocasiones están utilizando músicos innecesarios simplemente para cumplir con unos requisitos estipulados cuando las circunstancias eran muy diferentes y dichos requisitos en lo que a mínimo de músicos se refi ere, debe ser puesto al día teniendo en cuenta la realidad actual, puntualizando que, bajo ningún pretexto es su intención prescindir de música en vivo como pone de manifiesto su propuesta de 7 músicos requeridos para cada Show.
Hoy en día existen 19 Shows en Broadway que emplean más de 320 músicos y todos ellos, a excepción de Cabaret que tiene un contrato diferente, se ven afectados por este conflicto. En vista de lo improbable de un acuerdo antes de que expirara el antiguo contrato, los músicos en una votación concedieron a su respectiva Unión el derecho a incluir la posibilidad de huelga en caso necesario si las negociaciones se estancaban y esta misma semana, los shows empezaron a ensayar con músicas pregrabadas.
Como músico y como espectador me parece triste que una forma de arte denominada “musical” trate de eliminar poco a poco la parte musical y opte por reemplazarla con máquinas. Es más, el hecho de que dichas máquinas utilicen música pregrabada, secuenciada, enlatada o como quieran llamarla, no hace sino contradecir su propio argumento de que los músicos no son necesarios, ya que la parte que toca el músico ES necesaria si se ha de encontrar una manera artificial de recrearla. Para oír un CD ya está uno bien en su casa, la gracia de pagar y asistir a uno de estos “musicales” es la magia que el directo crea y el espectáculo que es ver y oír un conjunto de personas interpretando una de estas piezas en bloque y que se recrea de una manera diferente en cada función, con todos los fallos, momentos sublimes, imprevistos y pequeñas sutilezas que el factor humano aporta.
Aún así, hay que ser consciente de la evolución que el género en sí ha sufrido en los últimos años, y como consecuencia de ello vemos que, si bien antes había una tendencia hacia la sonoridad principalmente acústica y orquestal, con vientos, metales, cuerdas y algún elemento electrónico, hoy en día existen otras tendencias que emplean más el Pop, Rock, Electrónico con algún elemento acúsitco que indudablemente hace más reducido el número de ejecutantes requerido.
A pesar de ello me parece ridículo que un espectáculo basado principalmente en la música, trate de emplear 7 músicos por muy electrónico que trate de ser su sonido, pues en cualquier caso, no estamos hablando de un grupo de Rock o un concierto de tu cantante Pop favorito, sino de algo con unas características muy específicas como es Broadway, con toda la grandeza y el glamour que el “Show Business” implica. De llevarse a cabo tal reducción de intérpretes en directo, la principal afectada sería la calidad artística puesto que esa reducción en la plantilla se emplearía indudablemente y a pesar de lo que los productores pretendan hacernos creer, en sustituir a las personas por secuencias, cuerdas en directo por pads sintetizados, metales de verdad por “samples” sin vida, etc. y poco a poco, el espectador empezaría a acostumbrarse a una calidad inferior bajo el argumento de que: “cuando lo oyes unas cuantas veces ya no parece que suene tan mal”, argumento que, por cierto, es empleado constantemente en otros medios como radio y televisión, o ¿acaso soy el único que ha escuchado una canción horrible en la radio y al cabo de un tiempo de oírla incesantemente se ha sorprendido pensando que “no está tan mal” y hasta parecerme agradable? (en realidad, últimamente estoy muy alerta de las canciones que odio en un principio para recordarme una y otra vez que las odio y que no importa las veces que las oiga, las seguiré aborreciendo; deben ser reminiscencias de unos principios que un día tuve, o creí tener).
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