20+10: Apuntes para recordar una década


2010

No pretendo aquí hacer un resumen de época, simplemente señalar las instantáneas que a mi mente acuden cuando intento dilucidar lo que esta primera década de los años dos mil nos dejó como participantes de la escena alterlatina.

Este es mi volumen de recuerdos, seguramente los lectores abrirán su álbumes para llamar a su propia memoria…

«Clavo mi remo en el agua / llevo tu remo en el mío / creo que he visto la luz al otro lado del río»...

Fue una década tan difícil en la música como en la economía y la política, cuando al mismo tiempo que se conocieron globalmente estrellas supernovas como Juanes, vimos explotar la burbuja de especulaciones en Internet para dar paso a las redes sociales, la cacería de brujas de las descargas masivas, la partida y la llegada de eventos y festivales masivos, el predominio del ipod y la popularidad de los ringtones. Sin asombro, observamos al viejo modelo de la industria desmoronarse como a las torres gemelas y el reggaetón cayó como una bomba en nuestros oídos y bajo nuestros pies. Pero, de alguna forma el género alterlatino sobrevivió a sus muchas crisis de identidad y en sus distintos niveles, evolucionó, engulló y deglutió con afán géneros irreconciliables y cambió o siguió siendo tal cual era: independiente, inconforme, propositivo y en su esencia, subterráneo.

Baionarena - Manu ChaoAbrimos el decenio con un título y un álbum de Manu Chao perfecto para un cambio de era. El trovador auguraba un futuro mejor, pero no dejaba de mirar la inmanencia de las dificultades: Próxima Estación Esperanza. Mientras “Me gustas tú” se convertía en éxito radial desde Barcelona hasta Buenos Aires y desde Ciudad de México hasta Dubai lo coreaban hasta las amas de casa, el resto del disco seguía el camino trazado por el anterior “Clandestino”, que cerró el siglo XX demostrando que una grabación menos que casera y una base rítmica uniforme podrían convertirse en un disco parte aguas. El “hágalo usted mismo” había llegado a la madurez al tiempo que el rock latino cruzaba la línea de los cuarenta. La crisis de identidad ya no tenía caso, si era o no era rock ya no importaba, sino el hacer música. Sin darnos cuenta, se había roto ese cerco y los géneros y autores estaban listos para exponer sus gustos y apetencias y acercarse al pop o cultivar música vernácula sin auto recriminarse.

El cine se convirtió en el mejor vehículo para promover el género, un curso que se anticipase con el éxito de “Sexo, Pudor y Lágrimas” en 1999. Pero te aseguro que tu vida cambió luego de “Amores Perros”. La banda sonora de la película de González Iñárritu en manos de Santaolalla abrió un nuevo compás de oportunidades para la música alterlatina y sus contribuciones al Séptimo Arte.Brokeback Mountain

En los albores del Milenio era inimaginable pensar que un artista como Jorge Drexler se pararía en el podio de la Academia para recibir un Oscar a la Mejor Canción por su tema “Al Otro lado del Río”. Pero lo hizo en 2005, y aunque no lo dejaron cantar e hicieron una mofa poniendo a Santana a tocar y a Banderas a hacer el ridículo tratando de versionar a Drexler para complacer a los productores del evento, el cantautor se dio el lujo de tomar el tiempo de agradecimiento para cantar a capella un fragmento de su singular tema, que fue parte del soundtrack de la película “Diarios de Motocicleta”. Pero Drexler estaba ahí gracias a haber sido convocado por Gustavo Santaolalla y luego vendrían los óscares del productor argentino por sus trabajos en las bandas sonoras de “Brokeback Mountain” y “Babel”. La historia había cambiado. Y las películas latinas también…

Con el ocaso del siglo XX vimos cerrarse un capítulo en la música latina donde la influencia de la escena del rock mainstream o anglo determinaba no solo las tendencias a seguir por las bandas que intentaban hacer música, sino que propiciaba la manía perpetua de crear clones en las oficinas de las grandes disqueras. Las intensas presiones y las sucesivas transformaciones que sufrieron las casas disqueras y distribuidoras, a la par que se abrían las válvulas tecnológicas y la información se hace cada vez más globalizada hicieron cada vez más difícil que los productos clonados lograran convencer a públicos locales que tenían acceso a las fuentes originales. Por otro lado, algunos artistas simplemente se dieron permiso para crear sin tener que mediar con los filtros de la industria, otros se dedicaron a trazar intersecciones en biseles hasta entonces irreconciliables.

Enanitos VerdesSe abría una época y se cerraba otra y aunque las líneas divisorias entre las edades musicales no necesariamente coinciden con el calendario, los cambios y separaciones de bandas que dictaron pauta en décadas anteriores lo decretaron. Habíamos escuchado a Soda decir adiós y los vimos volver. Los Fabulosos Cadillacs se fueron pero regresaron, aunque Vicentico hizo buen uso de su libertad y por supuesto Cerati entregó obras que justificaron continuar su tienda aparte. Héroes del Silencio regresó con una impensable gira relámpago, pero Bunbury se dio a la tarea de conformar una obra propia que si bien no logró el arraigo popular de HDS le permitió expresar su versatilidad estilística. Otros, como Jaguares necesitaron más tiempo para conformar el debido contrapeso que no llegó hasta “’45”. Alex Lora se negó a colgar la guitarra y superó con hidalguía el paso del milenio, escribiendo sus crónicas con estoicismo neorrealista. Enanitos Verdes, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez siguieron escribiendo buenas canciones y hasta Charly García volvió del infierno de las adicciones mientras algunos de los buenos como Pappo, Antonio Vega, Luis Guereña (Tijuana No!), Soraya, Toto Rotblat (Los Fabulosos Cadillacs), Carlos Rivolta (Dusminguet),Gabriel Manelli (Babasónicos),María Gabriela Epumer, entre muchos otros dijeron para siempre adiós.

Podríamos enumerar los discos fundamentales, las bandas más relevantes, los géneros que hicieron suya a la década, focos de insurgencia como el norte de México y Montevideo conquistaron un lugar propio en la geografía alterlatina, la fértil escena de Barcelona, la correspondencia de Alemania y Holanda con el ska hecho en español, la fecunda y difícil Colombia, la estoica resistencia al trópico de las bandas de Miami, la bicultural escena de Los Angeles.

La relación entre productores con bandas y artistas alterlatinos ha variado desde los 90, cuando aún las disqueras asignaban los proyectos casi a dedo a los productores de sus nóminas. Los tiempos son ahora de las producciones en terna, de las colaboraciones, de las asociaciones con las bandas, de los productores de cabecera, de la autoproducción sin que ello signifique un hándicap, de artistas produciendo a otros artistas, de bandas empujando a sus coterráneos, de escenas que logran imponer su presencia en bloque y de personajes que hacen el tejido entre muchas escenas con paciencia de hormiga. 

En estos avatares hay nombres que aparecen en los créditos a veces sin la equiparable notoriedad. Aunque quizás el más ubicuo sería Antonio Hernández y al que debemos agradecer sus participaciones, sus colaboraciones y sus descubrimientos de uno al otro lado del Atlántico, desde Monterrey a Argentina, desde el hip-hop a la cumbia, desde Barcelona a República Dominicana.

Aleks SyntekAndrés Levin hizo zafra como productor y como músico, al igual que Andrea Echeverry y Héctor Buitrago, Chetes, Coti Sorokin, Ariel Rotman, Daniel Melero, Valerio Rinaldi, Flavio Cianciarulo, Juan Campodónico, Camilo Lara, Emmanuel Del Real, Quique Rangel, Aleks Syntek, quienes no solo impulsaron sus proyectos sino que fueron catalizadores de artistas en su papel de productores. Y por supuesto, de Bersuit a Orishas, desde BajoFondo a Juanes el dúo Santaolalla-Kerpel han escrito y ayudado a escribir algunos de los momentos más interesantes de la década. Otros productores que dejaron su huella en la saga alterlatina son Sacha Triujeque, Koko Stambuk, Áureo Baqueiro, Yamil Rezc, Phil Vinall, Jason Roberts, Andrew Weiss, John Ávila, Humberto Gatica, Cachorro López, Chris Allison, Peter Reardon, Sebastian Krys… y muchos otros que no alcanzo ahora a apuntar.

Ely GuerraComo autor más prolífico de la década nombraría sin duda a Andrés Calamaro, quien contrarrestó sus adicciones con canciones, logrando subir del abismo a la estratósfera escribiendo sin parar y regalándonos todo un ideario compendiado en álbumes como “El Salmón”, “El Cantante”, “La Lengua Popular”... Las fotografías musicales para llevarse en la cápsula del tiempo pueden encontrarse con estas búsquedas: el soundtrack de Amores Perros, la eclosión de Plastilina Mosh, los compilados del Watcha y LAMC, los discos de Indice Virgen, la lúdica de Liquits, el Nortec en todas sus advocaciones, los MTV Unplugged, Orishas, el inconformismo de El Otro Yo, el chúntaro style, Kinky, la avanzada regia, la película de Luca Prodán, el folk electrónico, el pantagruélico estilo de Miranda!, las mentiritas de Molotov, los enigmas de Robi Rosa, el dúo de Ely Guerra con La Ley en su MTV U, la fusión flamenca, la pachanga de Macaco, Ojos de Brujo, la movida Barcelona, la alegría luchadora de Ozomatli, y en un lugar muy especial los discos que nos regalaron en esta década los Babasónicos.

Y hay capítulos aparte, como la relevancia de Café Tacvba, su penetración a públicos generalmente inertes a lo que pasa de este lado del espectro musical, su constante vanguardia, sus versiones y sus puestas en escena que llegaron al clímax con su concierto en vivo de 15 años y cerraron la década con su regalo itinerante: el tour 20/20. Todo un regocijo.Café Tacvba

En esta década se hicieron discos fundamentales, algunos notables como y otros increíblemente olvidados como “Luna de Miel” de Nacho Mastretta donde las canciones escritas por el artista con letras sobre la cotidianidad femenina, son interpretadas por mujeres, entre las que se cuentan Alaska, Gemma Corredera, Julieta Venegas.

En particular, las colaboraciones a distancia se convirtieron en un signo de la época. Si bien con anterioridad las participaciones en discos de otros artistas dependían de complejos contratos, traslados, aeropuertos, citas en estudio, ahora se pueden hacer por Internet, en gira, en estudios caseros, y el resultado no dejará saberlo. Los artistas comprendieron la magia de hacer fluir las ideas y lo hicieron experimentando opciones, desde enviar loops a sus colaboradores, hasta tararear un riff por el teléfono y esperar la contesta por e-mail. Las percolaciones dieron como resultado increíbles mezclas geográficas, instrumentales, de arreglos, texturas y de género. De estas concurrencias y ocurrencias surgieron híbridos como la “Cumbia sobre el Río” (Celso Piña, Control Machete, Blanquito Man), “No Hay nadie como Tú” (Calle 13-Café Tacuba), o la “Bolita de Trapo” entre Bunbury y Cabas. Las giras permitieron encuentros, ideas como la Gira Rock en Ñ (auspiciada por SGAE) llevó a artistas disímiles de uno a otro lado del Atlántico y sentó a colaborar a artistas consagrados con bandas en desarrollo.

Coachella 2010Hay factores de cambio como la adición y desaparición de medios, festivales y premios. Algunos llegaron y otros se fueron. El premio Grammy latino aseguró la internacionalización de artistas como Juanes y descubrieron a artistas indie como Circo y Superlitio. Se acabó el Watcha Tour y llegaron Coachella, Vive Latino, Rock en Ñ y la conferencia LAMC. Rock al Parque y Cosquín Rock se afianzaron en Suramérica. El ska mexicano, artistas y bandas latinas se pusieron en letras grandes en los festivales del verano europeo. Las bandas alterlatinas descubrieron la importancia y ganaron espacios en SouthbySouthwest. En México, se fue Orbita pero llegó Reactor 105. Los reality show se adueñaron de MTV y la regionalización de la señal creó más ghettos musicales, pero los premios ampliaron horizontes para muchos artistas. Al Borde navegó la década registrando el devenir de la escena y en 2009 se convirtió en plataforma interactiva y boletín electrónico. Y mientras tanto en Los Angeles seguimos sin radio que fomente la escena Alterlatina. En Argentina, la tragedia de Cromañón sepultó sus muertos y las esperanzas de toda una escena que aún lucha por reponerse de las pérdidas emocionales y de los espacios que se les cerraron.

PandaPor otra parte, el relevo se hizo notar en la escena mexicana, bandas como Panda, Motel, Zoé, Porter, Volován, Hello Seahorse! y artistas como Juan Son, tomaron el testigo para continuar la carrera hacia el futuro con nombres propios. El ska siguió haciendo su trabajo y tuvo momentos estelares con las siempre concurridas giras de Maldita Vecindad en California, el éxito radial de Inspector, las ventas de platino de Panteón Rococó totalmente autogestionadas, la tendenciosa acidez de Kapanga en Argentina y la efervescencia de bandas que siguen las mismas causas al ritmo de 4/4 a lo largo de Iberoamérica. El indie resistió la caída de las disqueras independientes, el cierre de distribuidoras pero no dejó de sacar sus producciones y exprimir el uso de los recursos de MySpace y las redes sociales.

El papel de los Djs y las mezclas dotó a la música de un increíble poder de mutación y los remixes se convirtieron en importantísima parte del catálogo de rarezas y extras necesarios para las ediciones especiales, que se hicieron casi obligatorias.

Natalia LafourcadeLo que da pie para rendir el último párrafo a las verdaderas protagonistas de la época. Las mujeres tomaron en serio aquello de olvidarse del sexismo y ser simplemente pares. Con absoluta naturalidad se dieron a la tarea de salir al frente como compositoras e intérpretes moldeadoras de sonido y audaces promotoras de cambios culturales, estéticos y multifacéticas aspiraciones. Si Natalia Lafourcade abrió la década con su declaración de principios: “En el 2000” y “Busca un problema”, apenas se estaba dibujando el futuro inmediato. Vendría la española Bebe con su voz inocente y sus canciones tan honestamente demoledoras, el verbo duro y a la cara de Mala Rodríguez, la versatilidad y el arraigo de Lila Downs, la valiente sensualidad de Ely Guerra, la singularidad de Juana Molina, la expresividad autogestionada de Rosario Bléfari y María Fernanda Aldana, la electrónica de Javiera Mena, el talento de Ximena Sariñana, la irreverencia de Niña Dioz, las voces al frente de grupos de pop propositivo, como Belanova, La Quinta Estación, La Oreja de Van Gogh o el inusitado éxito internacional de Julieta Venegas después que dio el “Sí” ratificado con “Limón y Sal” y su “MTVUnplugged”.

Son tantos los caminos abiertos y cuántas las intersecciones posibles que este sería un texto sin final. La década se cierra, el horizonte se curva y nos dice que hay mucho más allá y aunque la bomba casi nos deja sin piso con el impulso logramos volar más alto. El tiempo se me acaba y no puedo escribir más. No prometo nada, pero estoy segura de que esta historia continuará. Remember: All you need is Mosh.

Y no crean que se me olvida la escena local, pero eso es motivo de otro trabajo.

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Alicia Monsalve
About the author:
Periodista. Egresada de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Caracas, Venezuela (1987). Co-fundadora de Al Borde. Fue editor-in-chief desde su estreno, el 3 de julio de 1997, hasta octubre de 2004. Continúa con Al Borde detrás de cámaras, actuando como senior editor de la publicación.


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