Licencia Directa
Written by Juan J. Colomer Thursday, 17 July 2003 00:00
Licencia directa (Direct Licensing) parece ser uno de los cambios más significativos que están ocurriendo en el complejo mundo musical de hoy en día. Lo que este sistema propone es un pago directo de los canales de televisión y otros usuarios de música a sus respectivos autores, en lugar del método tradicional donde el autor está representado por una Sociedad (ASCAP, BMI, etc.) y es ésta quien se encarga de recaudar los derechos que las obras generan y repartirlos a sus socios.
Entre los beneficios que los partidarios de este nuevo sistema aducen, están el pago por adelantado a los autores, en lugar de tener que esperar entre 9 y 12 meses hasta que las sociedades de gestión recauden y distribuyan el dinero; pagos sustancialmente más elevados por el uso de la música, un trato más equitativo entre música instrumental y canciones (recordemos que en la actualidad la música instrumental recibe una “penalización” del 600% respecto a la música con letra, o sea que por cada dólar que recibe una canción, la música instrumental, que por cierto constituye la gran mayoría de la música que se oye por televisión, recibe sólo 16 centavos), y por último un pago por el 100% de las veces que se usa la música, sin tener a recurrir a los arcaicos sistemas de encuestas (“surveys”), utilizados por las sociedades, en las que se pierde una buena cantidad de recaudación y contra lo cual los autores no tienen ningún recurso de defensa.
Por otro lado, los detractores de la Licencia Directa, argumentan que al tener que tratar el autor directamente con grandes macrocompañías, como pueden ser las propietarias de canales de televisión y sus editoriales (especialmente en vistas de la nueva ley que aumenta el número de canales que una sola compañía puede tener), su poder para negociar es mucho menor que si lo hiciera una sociedad apoyada con toda una infraestructura legal detrás.
Al ser una propuesta nueva, con pocas referencias o antecedentes sobre los que basarse, es difícil hacer una valoración real del impacto positivo o negativo que este método pueda tener en los autores y las ganancias que sus obras generen. Aunque la idea de prescindir de intermediarios, especialmente cuando éstos tienen problemas tanto de gestión como de transparencia en sus cuentas, pueda parecer una alternativa atractiva para muchos descontentos con el status quo, el hecho es que la situación actual de los compositores cuando se compara con otros profesionales como coreógrafos, diseñadores gráficos, pintores, etc. es muy ventajosa debido en gran parte al poder que estos organismos han ejercido y ejercen en la recaudación y defensa de los derechos de sus miembros. Además de esto, es posible que esta nueva tendencia no sea más que una especie de cebo para guiar a los autores por una línea en la que vayan teniendo cada vez menos poder y, consecuentemente, menos ganancias hasta llegar a un punto en el que sean obligados a aceptar unas condiciones sin opción a negociar con gigantes como AOL/Time Warner, o el propio Microsoft.
Es de suponer que la coexistencia de estas opciones sería a la larga la mejor manera de garantizar que los derechos de los músicos se vean protegidos creando, además, una competencia entre ellas lo cual les obligaría a ofrecer mejores condiciones que su rival y seguir mejorando sus prestaciones y servicios en un intento por captar la confianza de los autores.
Es más probable, incluso, que esta coexistencia sea usada por los autores como un recurso adicional a la hora de negociar, y que determinados proyectos se vean más favorecidos por el empleo de un método en lugar del otro, dando así más flexibilidad en general, tanto a artistas como a sus clientes.
Muchas incógnitas existen todavía acerca de la “Licencia Directa”, e indudablemente muchos puntos tienen que ser estudiados y clarificados, como por ejemplo qué ocurre si el cliente usa una música en más ocasiones, o para un propósito no indicado en el contrato y cómo va a ser capaz el autor de saberlo al no tener una sociedad o una editorial que hagan un seguimiento de su obra. Pero, lo cierto es que, a priori, esas son buenas noticias que permiten ver con un poco más de optimismo el tan incierto panorama musical.
Entretanto, sólo queda mantenerse al corriente y en futuras columnas trataré de brindar un poco más de luz sobre este tema a medida que se vayan definiendo sus detalles. Esperemos que éstos sean favorables para el sector creativo de la industria musical.
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