Written by Adrian Olmedo - Fotos: Angela L Torres
Wednesday, 18 August 2010 12:48

La noche del viernes 13 de agosto, se congregaron bajo las estrellas activistas, políticos, personalidades del espectáculo y músicos para celebrar el cumpleaños número 80 de Dolores Huerta en el Greek Theater de Los Ángeles. El recinto de Griffith Park, lleno a toda capacidad, fue testigo de una noche donde se reafirmó el poder de la música en la lucha en contra de la injusticia social.
El concierto de homenaje a Dolores Huerta, fue nombrado más que acertadamente: “Weaving Movements Together”. La emotiva velada contó con la presencia de Carlos Santana, Zack de la Rocha (ex Rage Against the Machine), Lila Downs y la banda de Pete Escovedo, así como palabras de los actores Ed Blegey Jr., Danny Glover, Benjamin Bratt, Martin Sheen y Edward James Olmos. Personajes de la política también dijeron presente, entre ellos Hilda Solis, un excéntrico Antonio Villarraigosa trajeado al estilo “Pachuco” y el mismísimo Presidente Obama, este último vía satélite.
Sin embargo, esta constelación de estrellas no opacó en ningún sentido la presencia de la homenajeada. Dolores Huerta, co-fundadora de la Unión de Trabajadores Agrícolas de América, conocida por su incansable lucha por promover los derechos humanos de mujeres, inmigrantes y la comunidad gay, elevó su mensaje de unidad en busca de formar un mismo frente de lucha a través de la Fundaci’on Dolores Huerta y bajo el lema “Weaving Movements Together”, para formar a nuevos líderes y unir fuerzas que lleven adelante un gran legado de activismo y búsqueda de soluciones a grandes problemas de injusticia.
El concierto
La velada comenzó con Pete Escovedo, acto seguido por la mexico-americana Lila Downs, que abrió con el oportuno tema “Land/Pastures of Plenty” a ritmo de reggae. Entre cada uno de las interpretaciones musicales hicieron sus intervenciones las personalidades que acudieron al llamado, la mayoría rindiendo honor a quien honor merece y otros con menos fortuna, como el caso del alcalde angelino que dividió al público sólo con su presencia. Durante su discurso y ante una arremetida de un sector del público, Villarraigosa exclamó: “¿Se pueden callar?”, medida que sólo incitó más a sus detractores.
Zack de la Rocha, quien a través de varios medios ha mostrado su repudio en contra de la SB1070, salió al escenario con su banda One Day as a Lion. Con Jon Theodore de The Mars Volta en la batería, de la Rocha tuvo la postura más agresiva de la noche arriba del escenario. Si bien bien es cierto que por momentos la voz del ex-RATM era inaudible, su mezcla de hip-hop, grunge y metal no perdió contundencia.
Después de muchos discursos y música, tomó el escenario Dolores Huerta y antes de presentar al guitarrista 10 veces ganador del Premio Grammy, nos recordó: “Estamos en un momento crítico en nuestro país y somos los únicos que podemos hacer la diferencia. Pero tenemos que salir allá afuera y tenemos que hacer el trabajo”. El publicó le respondió con una ovación de pie.
Para cerrar la noche, se montaron sobre la tarima dos verdaderos gigantes, Santana y Pete Escovedo, respaldados por una orquesta de más de 12 percusionistas. Santana abrió con “Corazón Espinado” y el guitarrista de Maná, Sergio Vallín a un lado como cómplice. Y es desde ese genesis, a ritmo de funk latino, que se presagiaba lo que sería una mancuerna perfecta, los riffs seductores de Santana fusionados con la percusión impecable de Escovedo. Ya en los 70’s se habían subido a un escenario juntos, pero la noche del viernes parecía que nunca se hubieran separado.
The Escovedo Band se relajó un poco, se dejó llevar en lo que por momentos parecía un “jam session”, esto aunado a un Santana verdaderamente inspirado -acaso por el acontecimiento- terminó por ser una suma exultación auditiva.
Recuerdos imborrables
Mención aparte merece la interpretación de “Black Magic Woman” a cargo de Lila Downs. Parecía que la canción se había hecho para que ella la interpretara. Se adueñó del escenario y con una voz embelesante, movimientos cautivadores de cadera y ese enigma mixteco que la caracteriza, plasmó junto con el de Autlán, Jalisco uno de esos momentos mágicos que se archivan en el cajón de “para contarle a los nietos”.
Santana habló poco, quizá porque dejó que su guitarra lo hiciera por él, pero ¡vaya que se entregó en el escenario! Con la energía en la cúspide, Santana cerró con “Watcha Gonna Do”. Para entonces, todos los presentes estábamos de pie y bailando -incluso hasta los que carecemos de gracia al hacerlo-, ya que aquello era una fiesta. Una fiesta donde lo que menos importaba era el color de la piel, la edad, el estatus legal ni preferencia sexual o nivel socioeconómico.