El último desafío a la crisis: un cine para ricos
Written by Luca Verne Wednesday, 03 February 2010 00:00

En este cine las palomitas de maíz se sirven en bandeja de plata. Y aunque no hay caviar en el menú, los calamares con jengibre y limón no son poca cosa. De hecho, saben a gloria cuando el camarero los sirve, reptando silencioso entre las butacas de la oscura sala, mientras la última película de Sandra Bullock, “The Blind Side”, discurre veloz hacia su primera media hora.
Es consciente de que son sus clientes especiales, aunque en realidad todos los que pisan los Gold Class Cinemas de Pasadena, en Los Angeles, lo son. “Aquí tratamos a todo el mundo como reyes”, explica Graham Burke, jefe ejecutivo de Village Roadshow, la empresa australiana que ha desembarcado en el mercado de Estados Unidos con la idea de hacer millones con sus cines de lujo.
De momento, el proyecto no ha salido mal, y en el mes que llevan abiertos, han colgado el cartel de “no hay entradas” la mayoría de las noches. Claro que ha coincidido con el estreno de ‘Avatar’, la cinta de ciencia ficción de James Cameron, un fenómeno taquillero que les ha hecho estar a tope la mayoría de los días.
Aunque en realidad aquí la película viene a ser lo de menos. Lo que cuenta es verla como si fueras un jeque árabe, sentado en un sofá individual a estrenar mientras pulsas un botón que te transporta al paraíso terrenal un viernes por la noche, después de toda la semana de aguantar la tralla habitual.
Y así, con los pies flotando en el aire, los zapatos en el suelo a los 15 minutos de que empiece la acción, y el camarero preguntando con otro sutil susurro por una manta y una almohada por si sus señorías no están lo suficiente cómodos o calentitos, es fácil sentirse en otra dimensión. Hasta importante, si me apuran.
Todo ello después de poder tomarte una copa justo antes del comienzo de la película, en una zona de espera ambientada como una discoteca de tiempos lentos, con un pinchadiscos controlando la escena.
Claro que después viene el mismo camarero con la cuenta y ahí es cuando se produce el súbito viaje de vuelta a la realidad. Unos cuantos dólares —14 por los calamares, más 19 por el steak y 52 por la botellita de champán— adicionales a los 32 pavos que cuesta cada entrada en butacas de lujo hacen que sea una noche irrepetible.
De momento, ya hay cuatro cines de este tipo, dos en zonas residenciales de Chicago y otro en Redmond Washington, aunque la expansión ya está en puertas con una inversión de 200 millones de dólares entre varios socios, interesados en abrir otras 30 salas de ese estilo en todo el país, con lugares como Austin, Santa Monica y Costa Mesa como posibles ubicaciones.
Todo ello pese a la recesión económica de la que no termina de salir la primera potencia mundial, aunque Burke está convencido de que la clase de clientes que acudirán a estos teatros “son gente acostumbrada a volar en primera o a comprarse un Mercedes Benz. Saben en qué se gastan la diferencia”.
En realidad es un lujo enfocado no sólo en los ricos sino en la agonizante clase media americana, un plan para una ocasión especial, un paréntesis en tiempos de crisis, que nunca viene mal.
Imagen cortesía de goldclasscinemas.com.
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