Harrison Ford se pone sentimental en “Extraordinary Measures”
Written by Luca Verne Thursday, 21 January 2010 11:42

El protagonista de “Blade Runner” une fuerzas con Brendan Fraser en una historia médica basada en hechos reales
Después de años de acción, han llegado los tiempos de la calma para Harrison Ford. Los años no pasan en vano y con la veteranía, la experiencia y las canas, han llegado papeles como el que encarna en “Extraordinary Measures”, una cinta con mucha carga emocional que se estrena este viernes en los cines de Estados Unidos. La cinta, dirigida por Tom Vaughn, cuenta una historia basada en hechos reales, el drama de una familia, los Crowley, de cierta posición financiera de Portland, en su lucha por salvarle la vida a sus dos hijos. Ambos tienen una enfermedad poco frecuente y genéticamente hereditaria llamada Pompe, que no les permite caminar, comer e incluso respirar por ellos mismos.
En el proceso, sus vidas se cruzan con un científico, Robert Stonehill, un hombre de carácter difícil y encerrado en sí mismo, pero con la imaginación, el genio y talento capaz de dar con la fórmula para acabar con una enfermedad degenerativa e incurable hasta entonces.
Pese a que la cinta provoca conciencia entre el público y cierta sensación de solidaridad, Ford, que ha dicho estar abierto a hacer la quinta parte de Indiana Jones, asegura que no pretendía meterse en los asuntos de la comunidad científica con la historia. “No quería hacer escuchar a la gente ni concienciarlos con cuestiones médicas, sino hacerlos sentir y entretenerlos con algo por lo que están dispuestos a pagar”.
El protagonista de “The Fugitive” comparte cartel con Fraser, muy conocido por su papel protagonista en “The Mummy”, que se mete en la piel de John Crowley, un exitoso ejecutivo de una compañía biotecnológica a punto de conseguir una importante promoción.
Sin embargo, su búsqueda de una solución para salvarle la vida a sus pequeños le lleva a abandonarlo todo y a irse a vivir junto a Stonehill en Nebraska, después de una esclarecedora conversación entre cervezas y hamburguesas.
En ese momento es cuando asume el control de la cinta el omnipresente Harrison Ford, que recurre a toda su experiencia para dar vida al peculiar carácter de Stonehill, un investigador muy metido en sus fórmulas y teorías aunque sin la fuerza necesaria para conseguir que una farmacéutica importante le haga caso.
La historia, según Ford, demuestra que esta clase de cintas emocionales y sobre historias humanas aún tienen cabida en el mundo del cine. “Aunque digan que el negocio del cine ha cambiado mucho y que todo el mundo está interesado en ciencia ficción y efectos especiales, creo en otro tipo de películas como ésta”, admite el también productor ejecutivo de la cinta. Sin embargo, añade que es muy importante buscarle el lado comercial al asunto. “Estaría muy disgustado si además de haber creado algo apasionado y emocional, no hubiéramos hecho un producto de entretenimiento. Es importante hacer una película que la gente quiera ver”.
Al final, la unión de fuerzas entre el tesón del padre tratando de salvar a sus hijos y el científico, conmovido por primera vez en su vida por una causa semejante, logran poner en marcha una empresa con capital privado que acaba por desafiar a lo descubierto por la comunidad científica estadounidense en ese momento. Para Fraser, es un punto de ruptura de sus habituales papeles de cómico juvenil dirigidos hacia un público adolescente.
El guión de Robert Nelson Jacobs le exige al actor de Indiana expresar una mayor carga emocional de lo que se le había visto hasta la fecha. Pese a todo, Fraser asegura que está dispuesto a hacer de todo y que si siguen llegando proyectos como los de “The Mummy” seguirá aceptándolos.
Asimismo, Ford comentó días después de terminar la película cómo fue su encuentro con la familia en la que está basada la película, los Crowley, residentes en Princeton, Nueva Jersey. “Pudimos aprender mucho de ellos”, señaló.
En la actualidad los hijos de los Crowley, Megan, de 13 años, y Patrick, de 11, han logrado sobrevivir a la mortal enfermedad de Pompe, una patología hereditaria que en niños produce insuficiencia cardíaca y distrofia muscular.
Pese a la intensidad de la historia, Extraordinary Measures no convence demasiado. Se resiente demasiado por el hecho de que la química entre ambos actores nunca funciona, con un Harrison Ford sobreactuado y un Fraser que no está para esta clase de empresa. Le queda grande el tema.
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