Invictus, el deporte al servicio de la historia
Written by Luca Verne Wednesday, 09 December 2009 17:02

Clint Eastwood estrena este fin semana una historia épica de rugby y política en la Sudáfrica de los años posteriores al apartheid, con Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela
Hollywood ha puesto a Sudáfrica en la mira, quizá por la proximidad del Mundial del fútbol o porque es uno de los países de moda. La última muestra es “Invictus”, una cinta de Clint Eastwood sobre la relación del ex presidente Nelson Mandela y el equipo nacional de rugby, una simbiosis que provocó un cambio social en un país sumido en el apartheid durante casi cinco décadas.
La cinta, basada en la novela de John Carlin (“Playing the enemy”), se adentra en un retrato particular de Mandela durante sus primeros años como presidente tras las elecciones de 1994 y cuatro después de su liberación tras 27 años en una prisión de Robben Island, a unos kilómetros de la costa de Ciudad del Cabo.
Mandela, interpretado por un soberbio Morgan Freeman, utiliza a los Springboks —el equipo nacional de rugby asociado con la minoría Afrikaneer— como símbolo de la unidad racial que pretende imponer el presidente en Sudáfrica, sorprendiendo a una mayoría que ya preveía un intento de venganza tras lograr recuperar el poder.
Eastwood narra la historia a través del mítico capitán de la selección, Francois Pienaar —interpretado por el polifacético Matt Damon—, un joven de buena familia que lideró a su equipo de la derrota y el fracaso a una histórica victoria en el campeonato del mundo celebrado en Sudáfrica en 1995.
La cinta narra de forma inteligente la relación entre Mandela y Pienaar, sus encuentros en el palacio presidencial y la sencillez de un mandatario que en lugar de ira y represión recurre a tácticas conciliadoras para lograr la unificación entre los negros y los blancos en su país.
Y aunque el libreto es excelente y Freeman hace uno de los papeles más brillantes de su carrera —totalmente ‘oscarizable’, y si no, tiempo al tiempo—, la cinta se acaba diluyendo poco a poco en saltos un tanto inexplicables que disipan la tensión y que no dejan muy claro al espectador cómo pasa un equipo de ser un desastre a convertirse en la primera potencia mundial en cuestión de meses.
Además, Eastwood no termina de reflejar la emoción que supuso para el país un logro así, con falsas euforias y un tanto sobreactuadas en las escenas de los partidos, especialmente al final, en el último partido ante los “All Blacks” de Nueva Zelanda. Vamos, que Rocky y su querida Adrian tienen mucho que enseñarle a los Sprinboks en cuestiones de celebraciones finales.
Total, que aunque es de agradecer que gentes del talento de Eastwood y Freeman se junten para contar una historia de gran calado político, social y humano, no deja de ser una lástima la ocasión perdida, pese a que Hollywood ya crea tener su presa “seria” de cara a su próxima ceremonia de los Oscar.
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